Un potente terremoto de magnitud 7,7 ha sacudido el sudeste asiático, teniendo su epicentro en el noroeste de Myanmar y causando al menos 144 muertes y más de 700 heridos, según reportes de la televisión estatal birmana. El seísmo ha desatado el pánico en ciudades como Yangón y Bangkok, y ha causado importantes daños materiales, incluyendo edificios derrumbados y personas atrapadas entre los escombros. La crisis se ve agravada por la inestabilidad política en Myanmar, donde la junta militar ha declarado el estado de emergencia en seis regiones, dificultando potencialmente los esfuerzos de rescate y la llegada de ayuda humanitaria. En Tailandia, aunque la situación comienza a normalizarse, se han registrado numerosas réplicas. La comunidad internacional ha sido instada a proporcionar ayuda humanitaria urgente, destacándose la desbordada situación en el Hospital General de Mandalay. La región, propensa a sismos debido a su ubicación en la falla de Sagaing, enfrenta desafíos adicionales por el rápido desarrollo urbano y la insuficiente infraestructura antisísmica.
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