En el dinámico panorama del PC gaming moderno, el reescalado de imagen ha dejado de ser un «extra» opcional para convertirse en un pilar fundamental del rendimiento, especialmente en los lanzamientos de gran envergadura. Tecnologías como DLSS de NVIDIA y FSR de AMD han pasado a formar parte integral de títulos AAA y cada vez más en juegos AA e independientes. La razón: su capacidad de mantener resoluciones altas y tasas de refresco elevadas sin ejercer una carga exhaustiva sobre la GPU en cada fotograma. Sin embargo, este alivio gráfico puede trasladar la presión a otro componente crucial: la CPU.
Al activar un reescalador, la GPU opera con una resolución interna menor respecto a la de salida, reduciendo así el tiempo de renderizado por fotograma y permitiendo producir más imágenes por segundo. No obstante, para mantener este ritmo, la CPU debe suministrar instrucciones a la GPU con mayor rapidez. Si la CPU no mantiene este flujo, el rendimiento puede quedar limitado por el procesador, incluso al jugar en 1.440p o 4K.
Este fenómeno desafía la noción generalizada de que «a partir de 1.440p el procesador ya no importa». En un escenario clásico de 4K nativo, muchos juegos no demuestran un gran escalado con CPUs más potentes porque la carga recae principalmente en la GPU. Sin embargo, en la era del reescalado, el 4K nativo no es necesariamente la norma. A medida que la resolución interna disminuye, la CPU vuelve a ser un factor determinante en el rendimiento.
El análisis se centra en indagar cuándo desaparece el «CPU scaling» con DLSS activo. En un entorno de pruebas con una RTX 4080 Super y varias CPUs de Intel y AMD, se creó un equilibrio inicial de GPU-bound para posteriormente observar cuándo las diferencias de CPU vuelven a ser relevantes al activar DLSS.
La investigación resalta cómo, en configuraciones como DLSS Quality (66,7 %) y DLSS Performance (50 %), el modo Performance es más propenso a ser limitado por la CPU debido a su menor resolución interna, lo que reduce la carga en la GPU pero aumenta la demanda sobre la CPU.
No todos los DLSS son iguales; la versión y el preset elegido por el desarrollador pueden variar el rendimiento final, con diferentes enfoques en calidad, estabilidad y artefactos visuales. DLSS 4.5, por ejemplo, utiliza instrucciones FP8 que no son soportadas por las GPU de RTX 20 y RTX 30, impactando así en el rendimiento.
Para los jugadores, el mensaje es claro: mientras que el reescalado mejora la fluidez, también puede exponer un límite en el rendimiento que antes no era evidente. En monitores de alta tasa de refresco, modos DLSS Performance o en juegos con alta carga de CPU, la CPU vuelve a ser el centro del rendimiento al perseguir altos fps. Por tanto, afirmaciones como «para 4K da igual la CPU» deben reconsiderarse en contextos donde el reescalado predomina y 4K en realidad es procesado internamente a resoluciones mucho menores.








