El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta críticas crecientes por su gestión de la guerra contra Irán, que ya está marcada por escepticismo interno y repercusiones económicas. Acusado de depender excesivamente de asesores cercanos como Jared Kushner, Trump ha intentado minimizar la situación asegurando que la guerra «casi» ha terminado, aunque sin un plan claro para manejar los efectos colaterales. La guerra ha provocado un aumento en los precios del petróleo, alarmando a los ciudadanos estadounidenses preocupados por la inflación. Con el Congreso en juego en las próximas elecciones de mitad de período, las encuestas muestran un rechazo significativo a la intervención en Irán, lo que sugiere posibles pérdidas políticas para los republicanos. A medida que la economía se resiente y el control del Estrecho de Ormuz por parte de Irán genera incertidumbre global, Trump enfrenta un dilema que recuerda a las guerras prolongadas de sus predecesores, socavando su promesa de una nueva era de prosperidad.
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