Las bases militares de Estados Unidos en el continente son fundamentales para su estrategia de proyección global, ya que su extensa red, compuesta por más de 50 instalaciones, actúa como punto de partida para operaciones en regiones estratégicas como Oriente Próximo, África y el Ártico. Estas infraestructuras permiten a las fuerzas estadounidenses mantener una presencia y capacidad de respuesta rápida en zonas de interés geopolítico crítico. La disposición estratégica de estas bases refuerza la influencia y el alcance militar de Estados Unidos en el ámbito internacional.
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