En el vasto mundo de los semiconductores, dos actores desempeñan roles críticos: aquellos que fabrican los chips y quienes construyen las herramientas para fabricarlos. En el primero de estos grupos, Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) es un pilar indiscutible, siendo el mayor fabricante por contrato del mundo. Por otro lado, Lam Research se especializa en ofrecer la maquinaria necesaria para la producción de estos chips, particularmente en procesos esenciales como el grabado y la deposición, sin los cuales la producción masiva de chips avanzados no sería posible.
Un reciente análisis de Nasdaq plantea una cuestión crucial para los inversores: ¿qué gigante, Lam Research o TSMC, representa una mejor oportunidad de inversión? La respuesta no se limita a su dominio en el mercado, sino que se extiende a un complejo entramado de crecimiento de beneficios, ciclos de inversión, valoraciones y riesgos geopolíticos.
En el ámbito de la fabricación de equipos, Lam Research está capitalizando la creciente demanda de chips complejos utilizados en centros de datos y aplicaciones de inteligencia artificial. Su capacidad para suministrar herramientas clave para tecnologías como HBM y empaquetado avanzado la convierte en un actor crítico para la industria. Con un sólido desempeño financiero, la compañía reportó ingresos de 5.320 millones de dólares en su primer trimestre fiscal de 2026, un crecimiento del 28% en comparación con el año anterior.
Por su parte, TSMC, el titán de la fabricación de chips, registró ingresos de 33.100 millones de dólares en su tercer trimestre de 2025, un aumento del 40,8% interanual. A pesar de su posición dominante, TSMC enfrenta desafíos significativos debido a su agresiva estrategia de inversión, con un presupuesto de capital entre 40.000 y 42.000 millones de dólares para 2025. Esta estrategia está dirigida a mantener su liderazgo en tecnologías de proceso avanzadas, aunque implica riesgos sustanciales para sus márgenes y flujo de caja.
Además, TSMC afronta tensiones geopolíticas, especialmente en la relación entre Estados Unidos y China, y desafíos vinculados a su expansión internacional con nuevas plantas en países como Estados Unidos, Japón y Alemania. Estos factores pueden redundar en mayores costes laborales y energéticos, afectando sus márgenes en un sector sumamente competitivo.
Desde la perspectiva de inversión, Lam se presenta como una opción más estable, con un crecimiento esperado consistente y una valoración alta relativa a su impulso en beneficios. A día 8 de enero de 2026, Lam cotizaba a 39,19 veces sus beneficios futuros, en comparación con las 26,02 veces de TSMC. Aunque más cara en términos de valoración, Lam justifica esta prima por su estabilidad y menor exposición a riesgos geopolíticos.
La encrucijada para los inversores no es tanto sobre qué empresa ganará la carrera de los semiconductores, sino qué tipo de riesgos están dispuestos a asumir. TSMC, a pesar de ser un referente en el boom de la inteligencia artificial, debe navegar un complejo tablero geopolítico y económico. Mientras tanto, Lam ofrece una narrativa más defensiva, siendo un proveedor esencial para los fabricantes sin estar en el ojo del huracán político.
Así, la decisión de inversión se centra en una cuidadosa evaluación de precio, crecimiento y tolerancia al riesgo, donde cada inversor deberá decidir qué combinación se alinea mejor con sus objetivos y expectativas de mercado.








