A medida que los titulares de despidos resuenan con ecos del 2008, los mercados debaten entre dos perspectivas: una economía resistente que permitirá a la Reserva Federal recortar tipos de interés con suavidad, o un deterioro del empleo que amenace con una recesión inminente. La situación en realidad es más compleja y matizada. Aunque hay claras señales de enfriamiento económico y temor laboral, los datos no justifican todavía una visión totalmente catastrófica basada solo en anuncios de despidos masivos.
En 2025, la firma Challenger, Gray & Christmas contabilizó más de 1,2 millones de recortes de empleo anunciados en los Estados Unidos, lo que representa un aumento interanual del 58%. Estos son números alarmantes, aunque es crucial recordar que tales anuncios no se traducen inmediatamente en una destrucción de empleo, ya que muchos ajustes se llevan a cabo en fases, se revierten o se mitigan con medidas como la reubicación de personal.
Dicha ola de despidos tiene su origen en distintos sectores, con un papel destacado del Gobierno, que lideró los recortes con más de 300,000 empleos anunciados como parte de estrategias de eficiencia y reestructuración. La tecnología, especialmente a través de la Inteligencia Artificial, también juega un papel importante, figurando en más de 54,000 de estos recortes. Aun así, la IA es más un acelerador de procesos que un sustituto directo de empleos.
A pesar de estos recortes, el empleo oficial no refleja un colapso inminente. El informe “Employment Situation” para diciembre de 2025 muestra un incremento modesto de 50,000 empleos no agrícolas y una tasa de desempleo del 4.4%. Sin embargo, el crecimiento del empleo ha sido significativamente más lento que en años anteriores, y el promedio trimestral ha caído a terreno negativo. Esto sugiere que aunque el empleo no ha caído drásticamente, la disminución en el dinamismo genera un cambio en el comportamiento de los consumidores.
El debate viral sobre recesión tiene sus bases en datos sólidos, pero tal interpretación peca de simplista. Anuncios de despidos no equivalen a una recesión asegurada, y una concentración de recortes en sectores específicos no siempre significa un colapso total del mercado laboral. Sin embargo, una economía real podría estar sufriendo aunque los mercados bursátiles aun parezcan estables, debido a una verdadera preocupación laboral, menor movilidad, y decisiones de gasto más conservadoras por parte de las familias.
La Reserva Federal enfrenta el reto de decidir el momento y las razones para un recorte de tasas. Si tarda demasiado, podría enfrentarse a una economía ya debilitada. Si actúa prematuramente, corre el riesgo de provocar nuevas presiones inflacionarias o burbujas. El verdadero temor es la incertidumbre.
De cara a 2026, los indicadores claves a vigilar incluyen las tendencias trimestrales de empleo, la tasa y duración del desempleo, la rotación y contratación empresarial, así como los beneficios corporativos y señales de estrés en el crédito. Todo ello servirá para delimitar si nos enfrentamos a un enfriamiento económico o a una recesión inminente. Mientras tanto, los mercados tendrán que ampliar su mirada más allá de los tipos de interés, centrándose en las dinámicas del empleo y el consumo.








