La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China ha adquirido una nueva dimensión, con un enfoque en el ecosistema de componentes que se manifiesta en movimientos estratégicos de aranceles y restricciones de software. A partir de enero de 2026, Washington ha implementado un arancel del 25 % sobre chips avanzados, incluyendo los NVIDIA H200 y AMD Instinct MI325X, cuando se destinan al mercado chino. Simultáneamente, Pekín ha respondido instando a sus empresas a dejar de usar software de ciberseguridad estadounidense e israelí, citando preocupaciones de seguridad nacional.
Este arancel estadounidense se estructura bajo la Sección 232 de la Trade Expansion Act de 1962, permitiendo medidas comerciales por seguridad nacional. La particularidad reside en que excluye chips destinados a reforzar la cadena de suministro y la infraestructura doméstica de Estados Unidos, asegurando que el despliegue interno de inteligencia artificial no se frene, mientras se captura parte del valor de las ventas hacia China.
Entre los productos afectados se encuentran los aceleradores de IA NVIDIA H200 y AMD Instinct MI325X, cruciales para centros de datos por su capacidad para manejar modelos grandes y exigencias de inferencias. La geopolítica aquí no solo afecta al silicio, sino también a la memoria, empaquetado y logística, integrándose profundamente en la planificación del sector de componentes.
La respuesta de China ha sido evitar un arancel espejo y enfocar sus esfuerzos en reducir la dependencia de software extranjero en sectores sensibles, destacando la directiva de reemplazar software de aproximadamente una docena de empresas estadounidenses e israelíes, tales como VMware y Palo Alto Networks. Esta acción se vincula con la iniciativa Xinchuang, que persigue la sustitución de tecnología extranjera por soluciones nacionales para 2027.
A nivel operativo, estas medidas imponen desafíos para los proveedores occidentales en términos de soporte, renovaciones y servicios gestionados. En paralelo, la importación de aceleradores como el H200 se maneja con cautela, con aduanas chinas instruidas para bloquear su entrada salvo en casos de I+D y colaboración académica. Las empresas chinas han generado pedidos significativos de estos dispositivos, poniendo de relieve el impacto económico de los aranceles.
En cuanto a inversiones, el arancel viene acompañado de incentivos para la producción doméstica. Grandes firmas han anunciado significativos compromisos de inversión, como el plan de NVIDIA de gastar 500.000 millones de dólares en varios años, y los proyectos de TSMC en Arizona con más de 165.000 millones de dólares. Esto refuerza la tendencia de diversificación y localización de la fabricación en áreas consideradas seguras, aunque con un incremento en la fricción y costes en el mercado global de componentes.








