El conflicto tecnológico entre Estados Unidos y China vuelve a intensificarse, esta vez con los drones civiles como protagonistas. Recientemente, Washington ha mostrado posturas aparentemente contradictorias: mientras el Departamento de Comercio ha retirado una propuesta que buscaba incrementar las restricciones a la importación de drones chinos, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) mantiene un marco regulatorio que limita la introducción de nuevos modelos y ciertos componentes críticos de fabricantes extranjeros, destacando a empresas chinas como DJI y Autel.
Este complejo entramado regulatorio ha creado un panorama incierto para el mercado de drones, especialmente en sectores que dependen de ellos, como la agricultura de precisión, las inspecciones industriales y las situaciones de emergencia. En contraste, el impacto en la industria tecnológica de Taiwán, particularmente para los fabricantes de IPC (ordenadores industriales) y electrónica embebida, se percibe como moderado. Esto se debe a que su negocio está diversificado y la demanda tiende a desplazarse más que desaparecer, por lo que los fabricantes taiwaneses no se ven tan afectados directamente.
El escenario refleja un juego de estrategias diferentes en Washington. Por un lado, el Departamento de Comercio ha retrocedido en una medida que habría podido bloquear importaciones de drones bajo pretextos de seguridad nacional, reduciendo así el riesgo de un «cierre total» en el corto plazo. Por otro lado, la FCC persiste en mantener la «Covered List», una lista de equipos considerados riesgosos para la seguridad nacional, lo que complica la renovación de flotas y la llegada de nuevo hardware.
Un punto crucial es que las restricciones se centran en nuevos modelos y componentes que requieren autorizaciones regulatorias, sin afectar retroactivamente a los drones ya desplegados. No obstante, la FCC ha contemplado exenciones para ciertos drones y componentes hasta finales de 2026, evitando un colapso inmediato en aplicaciones donde la oferta doméstica estadounidense no puede cubrir la demanda con rapidez.
El impacto sobre el sector IPC de Taiwán es limitado debido a que su negocio abarca diversos sectores, incluyendo defensa y plataformas no tripuladas, lo que les permite sobresalir a pesar de las restricciones.
Sin embargo, la incertidumbre regulatoria afecta a la planificación de flotas, lo que lleva a los operadores a cuestionarse sobre la disponibilidad de repuestos, la renovación de equipos y la compatibilidad de software, particularmente en sectores sensibles como emergencias y seguridad pública.
El mercado de drones en Estados Unidos no se está deteniendo, sino reconfigurando. Se espera que esta reconfiguración impulse a integradores y fabricantes hacia cadenas de suministro más auditables, con componentes menos dependientes de China y, previsiblemente, un encarecimiento en ciertas categorías.
Para Taiwán, este entorno geopolítico representa una mezcla agridulce: menos dependencia de un único cliente, más oportunidades por sustitución de proveedores y la necesidad constante de navegar con precaución en un clima geopolítico incierto.








