La administración de Donald Trump en Estados Unidos está proponiendo un cambio significativo en la estructura de la OTAN, lo que podría alterar el equilibrio militar de la Alianza Atlántica. Este plan implica una reducción sustancial del apoyo militar estadounidense en Europa, trasladando gran parte de la responsabilidad defensiva a los países europeos, ante los crecientes compromisos de Estados Unidos en el Indo-Pacífico y otras regiones. La estrategia busca que Europa asuma más peso en su defensa convencional, en un contexto donde las capacidades estadounidenses han sido cruciales. Este movimiento, conocido como «OTAN 3.0», es visto por la Casa Blanca como un paso realista, aunque ha generado inquietud entre los aliados europeos sobre la rapidez y viabilidad de llenar el vacío que dejará Washington. Algunos países se encuentran especialmente preocupados por la pérdida de capacidades clave, como el poder aéreo estratégico y la presencia naval. La nueva dirección supone un desafío estratégico para Europa, que deberá incrementar drásticamente sus inversiones militares para cubrir las brechas que dejará este repliegue estadounidense.
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