Expertos han señalado que clavar un clavo en un árbol frutal se utiliza tradicionalmente para inducir estrés y acelerar la floración, con el árbol interpretando la acción como una amenaza que desencadena su mecanismo de supervivencia para producir flores y frutos. Aunque algunos sugieren que el hierro del clavo podría liberar micronutrientes beneficiosos, la comunidad científica advierte que no hay evidencia que respalde un aumento en la producción, y que la práctica puede tener efectos negativos en la salud del árbol, como la entrada de patógenos y daños al sistema circulatorio. Alternativamente, los especialistas promueven una nutrición adecuada mediante abono orgánico y quelatos de hierro, junto a prácticas como podas adecuadas y polinizaciones cruzadas, para mejorar la producción sin riesgos.
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