En Siria, más de 640 personas han muerto en tres días de combates en las provincias costeras, en el conflicto más sangriento desde la caída de Bashar Asad. La violencia, que ha afectado principalmente a la minoría alauita, fue impulsada por enfrentamientos entre las nuevas fuerzas de seguridad de Damasco y grupos leales a Asad. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos reporta 428 civiles asesinados y exige intervención internacional para investigar las violaciones de derechos humanos. Naciones Unidas y la Liga Árabe han condenado los ataques y han instado al cese de las hostilidades para proteger a los civiles. Por su parte, el gobierno interino sirio se compromete a investigar los «excesos» cometidos durante las operaciones militares.
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