El fenómeno conocido como «doomspending», o gasto impulsivo, está cobrando fuerza en la economía personal de los españoles, particularmente durante períodos de elevado consumo como la campaña de Reyes y las rebajas de enero. Frente a esta tendencia, el dinero en efectivo emerge como un aliado esencial para muchos ciudadanos que buscan controlar sus finanzas y evitar compras innecesarias.
Según la cuarta edición del estudio «Percepción y hábitos de los españoles respecto al sector bancario 2025», realizado por Nickel, el 71,8% de la población recurre al efectivo para manejar su economía y resistir la tentación de gastar de más. Esta predilección por el dinero físico se ve respaldada por un dato revelador: el 53,6% de los encuestados confirma sentirse menos propenso a realizar gastos impulsivos cuando utiliza efectivo, en comparación con otros métodos de pago más inmediatos.
La crisis de ahorro es otro punto crucial revelado por el informe. Un alarmante 76,7% de los españoles expresa preocupación por su capacidad para ahorrar, con un 31,5% de este grupo temiendo no poder acceder a la compra o alquiler de una vivienda en el futuro. La gravedad de la situación se acentúa al considerar que el 19% de los encuestados carece de ahorros, y el 23,5% manifiesta que esta ausencia tiene un impacto negativo en su bienestar emocional y salud mental.
Además, el peso de los gastos fijos en los hogares españoles es cada vez más agobiante. El informe señala que el 56,3% de las personas destina más del 40% de sus ingresos mensuales a cubrir necesidades básicas como alquiler, suministros y servicios. Este contexto económico impulsa a la gente a buscar métodos efectivos para gestionar sus gastos y proteger sus finanzas de decisiones impulsivas.
En medio de estas preocupaciones, el uso del efectivo se consolida como una estrategia práctica para promover un consumo más consciente y responsable. A medida que la estabilidad financiera se vuelve una prioridad, los españoles recurren a herramientas tradicionales para afrontar un entorno económico complejo y conseguir una gestión más efectiva de sus recursos. La preferencia por el dinero físico reafirma su relevancia en la cotidianeidad de una sociedad que busca equilibrio entre el consumo y el ahorro.








