En las últimas décadas, el cine ha enfrentado la creciente presión de que cada obra cinematográfica deba transmitir un consenso claro sobre su intención y significado, un fenómeno que está limitando su expresión artística. Esta tendencia hacia la búsqueda del «mensaje» ha fomentado una percepción errónea de que todas las películas necesitan ofrecer soluciones unánimes a las complejidades que presentan. Esta expectativa puede ser perjudicial, ya que el arte cinematográfico, por su naturaleza, debería ser un espacio para la interpretación abierta y la multiplicidad de lecturas. En lugar de buscar un único significado universal, se debería fomentar la reflexión y la diversidad de perspectivas que cada obra pueda inspirar.
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