El Banco Central Europeo ha decidido mantener los tipos de interés sin cambios por sexta vez consecutiva ante la incertidumbre generada por el conflicto en Oriente Próximo, que ha llevado a la entidad a ajustar al alza sus previsiones de inflación y a la baja las de crecimiento económico en la Eurozona. La escalada de tensiones, especialmente tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, ha influido en el ajuste de las proyecciones económicas: se anticipa una inflación del 2,6% este año y un crecimiento del PIB de apenas 0,9%. El bloqueo del estrecho de Ormuz, vital para el comercio mundial de materias primas, intensifica los riesgos de inflación y ralentización económica, advirtiendo el BCE sobre la potencial superación de estos indicadores si el suministro energético sigue alterado. Europa, importador neto de energía, enfrenta desafíos significativos, amenazando con trasladar los altos costos a la inflación subyacente a través de incrementos salariales y de servicios. Christine Lagarde, presidenta del BCE, deberá abordar estos riesgos latentes, reconociendo su impacto en la estabilidad económica de la región.
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