El organismo encargado de regular los Juegos Olímpicos ha decidido reintroducir los test genéticos de feminidad como requisito para participar en la cita deportiva de 2028. Esta medida, que busca asegurar la equidad en las competencias y evitar posibles ventajas competitivas injustas, ha generado un debate significativo sobre su implementación, ética y consecuencias para las atletas femeninas. Los críticos señalan que este tipo de pruebas pueden ser invasivas y discriminatorias, mientras que los defensores argumentan que son necesarias para mantener un campo de juego nivelado. La reintroducción de estos test se produce tras años de discusión sobre cómo abordar la cuestión del género en el deporte, marcada por casos mediáticos de atletas con diferencias en el desarrollo sexual.
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