En un análisis sobre la influencia de los medios de comunicación y las decisiones personales en la cultura popular, se cuestiona la simplificación de identidades políticas basadas en hábitos de consumo televisivo, como elegir ver a Cristina Pedroche o a Estopa. Se discute la trivialización de opiniones políticas reducidas a meras elecciones de entretenimiento, sugiriendo que tales asociaciones son absurdas y carentes de fundamento. Asimismo, se reflexiona sobre las tradiciones festivas, como el brindis con sidra, cuestionando la validez de estigmatizar prácticas culturales bajo un prisma polarizado. Esta crítica apunta a la necesidad de un enfoque más matizado respecto al consumo cultural y su relación con la identidad política.
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