La contaminación lumínica y el crecimiento descontrolado de satélites han transformado la experiencia de observar el cielo estrellado, que antes era un placer accesible en las noches de los pueblos. Estos cambios han intensificado la reflexión sobre nuestro lugar en el universo, en un momento en que la humanidad daba sus primeros pasos en el espacio y se maravillaba ante el sobrevuelo de satélites. Aunque lugares remotos como el Sinaí o el Amazonas aún ofrecen cielos deslumbrantes, la proliferación de satélites, en su mayoría de SpaceX, amenaza con velar nuestra capacidad de ver las estrellas. En 1988, España promulgó la Ley del Cielo para proteger estas vistas, pero el aumento de basura espacial y la falta de regulación internacional ponen en riesgo la pura contemplación astronómica. Según el divulgador Jorge Alcalde, en pocas décadas podríamos enfrentar un millón de satélites en órbita, eclipsando la vista del firmamento y privándonos de las estrellas.
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