La dinámica de las crisis económicas suele impactar de manera desigual entre diferentes grupos socioeconómicos, con las grandes fortunas experimentando inicialmente pérdidas significativas pero logrando recuperarse con mayor rapidez y amplitud que otros sectores. Durante la crisis de 2008, por ejemplo, el patrimonio del 10% más rico de Estados Unidos se recuperó y superó niveles previos para 2016, mientras que los hogares de ingresos más bajos no alcanzaron a recuperar totalmente lo perdido. Este fenómeno se debe a la diversificación de activos y la capacidad de mantener inversiones aun en tiempos difíciles. Durante caídas de mercado, los más adinerados pueden resistir sin liquidar activos y suelen aprovechar precios bajos para comprar. La experiencia y el acceso a asesoría profesional facilitan esta resiliencia. Así, cuando los mercados se recuperan, las disparidades de riqueza se incrementan, haciendo evidente cómo las estructuras financieras y la capacidad de inversión juegan a favor de quienes más poseen, permitiendo ampliar la brecha patrimonial con aquellos de menor acceso a recursos y estrategias financieras.
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