El verano en España ha sido tumultuoso, marcado por incendios devastadores y una polarización política creciente que genera poco optimismo. Los problemas en el transporte han convertido cruzar el país en una odisea, mientras que muchos políticos disfrutan de vacaciones, evitando volver a las tensiones parlamentarias. El tejido social se deteriora con un aumento de la violencia, reflejado en titulares que evocan tiempos criminales pasados. Además, controversias culturales, como la del uso de bermudas, simbolizan una falta de civismo generalizada. La cultura sufre un retroceso con la caída en la lectura y el vino, un patrimonio nacional, enfrenta una crisis de consumo. Todo esto en un contexto de cambio climático que desdibuja las estaciones y deja un futuro incierto.
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