Los pasatiempos en la prensa, tan comunes hoy en día, tienen un origen más reciente del que se piensa, con sus raíces firmemente plantadas en la España del siglo XX. El jeroglífico, el primer pasatiempo de este tipo que ganó popularidad, fue ideado por el valenciano Ángel Novejarque Iranzo. Este notable autor, ajedrecista y criptógrafo, creó algunos de los juegos de ingenio que circularon en publicaciones como «Blanco y Negro», dejando una huella indeleble en la historia de los pasatiempos. Sin embargo, fue Pedro Ocón de Oro quien masificó su uso, publicando más de 600.000 pasatiempos y añadiendo nuevas modalidades que cambiaron la interacción de los lectores con la prensa española. Las contribuciones de Ocón llegaron al punto de que sus páginas se convertían en las más apreciadas, hasta el extremo de ser arrancadas para disfrutarlas con calma, agregando así un valor duradero a los periódicos impresos.
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