En España, el sistema de pensiones ha estado bajo tensión debido al envejecimiento demográfico y la dependencia de las cotizaciones laborales. En contraste, el modelo noruego destaca por su arquitectura de tres pilares: una pensión pública mínima, planes ocupacionales obligatorios gestionados profesionalmente y un Fondo Soberano que actúa como colchón intergeneracional. Este enfoque garantiza pensiones estables sin sobrecargar el presupuesto estatal, permitiendo que los jubilados noruegos reciban cerca del 66 % de su salario previo. A diferencia de España, donde la Seguridad Social es la principal fuente de pensiones, Noruega distribuye la responsabilidad entre el estado, las empresas y los trabajadores y permite la jubilación activa, lo que fomenta una mayor tasa de empleo en edades avanzadas. Mientras España debate sobre ajustes en las cotizaciones, Noruega ha implementado mecanismos que aseguran la sostenibilidad a largo plazo sin comprometer el capital del fondo de pensiones.
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