El estado de salud del Pontífice se mantiene en un delicado equilibrio mientras sigue hospitalizado desde el pasado 14 de febrero. Fuentes médicas han definido el pronóstico como «reservado», optando por una cautela prudente en sus declaraciones sobre su recuperación. La falta de detalles precisos sobre su condición subraya la gravedad de la situación, mientras la comunidad internacional permanece atenta al desarrollo de los hechos y a la evolución médica del líder religioso.
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