Durante la Cuaresma, período tradicional de abstinencia de carne, en la Región de Murcia cobra protagonismo un plato local conocido como jarullos, un contundente guiso de patatas y migas de bacalao desalado, adornado con ñoras y especias como pimentón y comino. Esta tradición culinaria, que data de cuando el bacalao en salazón era la opción más accesible para los habitantes del interior peninsular, sigue viva en las cocinas domésticas murcianas, aunque raramente se encuentra en restaurantes. La receta, que requiere de un cuidadoso manejo de la harina para alcanzar su textura espesa característica, se sirve típicamente acompañada de pan de hogaza y, ocasionalmente, aceitunas o cebollas tiernas, representando fielmente la cocina de vigilia de la región. Durante Semana Santa, algunos bares locales la ofrecen como plato del día, junto a postres como los paparajotes y vinos jóvenes de la localidad.
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