El país enfrenta un bloqueo de las telecomunicaciones que ya se prolonga por tres días, lo que ha exacerbado la desinformación y alimentado teorías conspirativas en torno a las protestas que sacuden la nación. La interrupción de los servicios de comunicación ha dificultado el acceso a información verificada, lo que ha generado un clima de incertidumbre entre la población. La situación ha llevado a la proliferación de rumores y noticias falsas, complicando aún más los esfuerzos por controlar las manifestaciones y restaurar la calma. En medio de este caos, la comunidad internacional observa con preocupación el impacto de estas restricciones en la estabilidad social y el ejercicio de las libertades fundamentales.
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