Durante la primavera, los rosales despiertan con una energía renovada tras el invierno, sin embargo, sin el cuidado adecuado, esta vitalidad puede desperdiciarse en ramas y semillas no deseadas. La poda se presenta como una solución vital, permitiendo a los rosales concentrar su energía en la producción de nuevas flores en lugar de escaramujos. El momento clave para podar es a finales del invierno, antes de la brotación, especialmente en España, entre febrero y marzo. El procedimiento consiste en realizar un corte preciso, justo encima de la primera hoja con cinco folíolos para potenciar el crecimiento de ramilletes robustos. Además, es importante eliminar chupones y despejar el centro del rosal para mejorar la circulación del aire y reducir enfermedades. Complementar con un abono rico en potasio incrementa la intensidad y duración de la floración, además de fortalecer la planta contra plagas comunes.
Leer noticia completa en OK Diario.



