La imagen del ayatolá, con su distintivo turbante y barba, es un símbolo profundamente arraigado en la tradición islámica chií de Irán, donde representa tanto autoridad religiosa como política. Esta iconografía, que se remonta a tiempos del profeta Mahoma, fue despectivamente etiquetada como “idiotas barbudos” por el sha de Persia, Mohammad Reza Pahlavi, durante su campaña de modernización y secularización. Sin embargo, luego de la Revolución Islámica de 1979, el atuendo clerical se consolidó como emblema del liderazgo político-religioso que desafió y transformó el orden establecido. La barba, más allá de su significado religioso, se convirtió en símbolo visible del poder y resistencia del clero chií, subrayando una lucha cultural que redefinió la identidad y el poder en Irán y Oriente Próximo.
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