El uso de inteligencias artificiales (IA), como chatbots, está cambiando la dinámica de la interacción digital, asimilándose más a una conversación con un colega de trabajo que a una búsqueda en Google. Esta familiaridad lleva a los usuarios a compartir información personal y confidencial, desde síntomas de salud hasta códigos empresariales, en una plataforma que, aunque parece privada, no siempre lo es. Estos datos se envían a servidores donde pueden ser almacenados y revisados para el entrenamiento de modelos futuros, variando el nivel de control según la plataforma y los servicios activados por defecto. Asistentes como Gemini pueden incluso interactuar con otras aplicaciones como Gmail y YouTube para personalizar respuestas, mientras que en plataformas como ChatGPT y Claude, la gestión de la privacidad y el uso de datos personales depende de configuraciones específicas y ajustes predeterminados. Las versiones empresariales ofrecen condiciones más rigurosas de privacidad, protegiendo datos y evitando que sean utilizados para entrenar modelos, a menos que se trate de cuentas personales, donde el riesgo de brechas de seguridad aumenta. La protección de datos es crucial, como recomienda la Agencia Española de Protección de Datos, incitando a limitar la información sensible compartida y a revisar frecuentemente las configuraciones de privacidad.
Leer noticia completa en OK Diario.



