Las bodegas Torelló se convirtieron en el primer refugio para los afectados por el accidente ferroviario de Gelida, ocurrido a escasa distancia de la finca familiar. El suceso provocó una rápida movilización en la comunidad local, que encontró en las bodegas un lugar seguro donde los heridos y afectados pudieron recibir atención inmediata. La cercanía del accidente a estas instalaciones permitió una respuesta ágil y solidaria por parte de los residentes, que no dudaron en ofrecer asistencia a los involucrados en el trágico incidente.
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