El pasado domingo, Adamuz, en Córdoba, fue testigo del accidente ferroviario más grave en España desde 2013. Un tren de alta velocidad de Iryo y un Alvia de Renfe colisionaron, resultando en 45 fallecidos y decenas de heridos. La tragedia ha dejado una estela de confusión en cuanto a la gestión de las primeras horas de emergencia. La cronología revela un desencuentro en la comunicación inicial, con reportes tardíos y una falta de claridad sobre el alcance del accidente. Según testigos y autoridades, hasta que los servicios de emergencia llegaron al lugar, ninguna alerta informó que había dos trenes involucrados. La evacuación y rescate se extendieron durante la noche, complicados por la distancia entre los trenes y la noche cerrada. La investigación sigue abierta, enfocándose en posibles fallos infraestructurales y de gestión de la emergencia.
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