En el marco de la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán, los kurdos resurgen como un factor geopolítico relevante, dada su histórica posición como la mayor nación sin Estado. Donald Trump ha instado a los líderes kurdos iraquíes e iraníes a tomar partido en este conflicto, y seis grupos kurdos en Irán han reafirmado su oposición a Teherán. Con una población de entre 30 y 40 millones dispersa por Turquía, Irak, Siria e Irán, los kurdos han sido actores decisivos en guerras pasadas, pero su influencia política sigue limitada. La estrategia de usar su presencia para dispersar las fuerzas iraníes encuentra obstáculos, pues el mosaico kurdo es complejo y no existe un bloque monolítico. En Irán, donde residen más de diez millones de kurdos, el desafío radica en su diversidad interna y su capacidad desigual frente al régimen. Observadores sugieren que un vacío de poder en Irán podría ofrecerles la oportunidad de consolidar su autonomía, aunque persiste el temor de ser instrumentalizados por potencias externas, en un juego de poder donde, como dice el analista Manuel Martorell, la paz en Oriente Medio es inalcanzable sin los kurdos.
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