Irán vive su más intensa ola de protestas desde 2022, desencadenada por el colapso económico y centrada en la oposición al régimen islámico. La represión ha dejado al menos 648 fallecidos y ha sumido al país en un apagón informativo. Las manifestaciones han ganado una dimensión nacional y desafían al estado con cánticos contra el líder supremo, Ali Jameneí. La presión internacional crece con comentarios de Donald Trump y apoyo de Israel a los manifestantes. Las movilizaciones, que carecen de un liderazgo político unificado a pesar de figuras emergentes como Reza Pahlavi, se enfrentan a un régimen con un sólido aparato de seguridad, mientras que la carencia de una alternativa política palpable y el respaldo interno a las autoridades complican un cambio de régimen, aunque la tensión persiste.
Leer noticia completa de Internacional en El Independiente.



