La reciente expulsión del embajador español Sergio Farré de Nicaragua marca una nueva tensión diplomática entre ambos países. Sin una razón oficial anunciada, el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenó su salida, a lo que España respondió aplicando una medida de estricta reciprocidad, expulsando al embajador nicaragüense Mauricio Carlo Gelli. Este incidente se enmarca en una serie de conflictos persistentes, con España criticando las elecciones de Ortega y la falta de garantías básicas en Nicaragua, reconocida por la comunidad internacional. Las autoridades nicaragüenses, en represalia a lo que consideran injerencias de España, han endurecido su postura, incluso despojando de nacionalidad a numerosos opositores, a quienes España ha ofrecido apoyo. Las relaciones bilaterales se deterioran aún más tras condenas del gobierno español hacia las acciones del régimen de Ortega y su insistencia en sanciones más severas por parte de la Unión Europea.
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