Las altas temperaturas del verano, exacerbadas por el cambio climático, no solo impactan a los seres vivos, sino también a las infraestructuras, especialmente en países del norte de Europa. En Países Bajos, el calor ha comenzado a afectar las construcciones históricas, diseñadas para climas más fríos, causando problemas como la dilatación de materiales y el bloqueo de componentes mecánicos en puentes móviles. Estos desafíos han llevado a soluciones temporales como el uso de bomberos para enfriar estructuras con agua. En contraste, España, acostumbrada a climas cálidos, ha desarrollado normativas térmicas más estrictas en sus infraestructuras, utilizando materiales diseñados para soportar altas temperaturas. Países Bajos busca ahora métodos más sostenibles, como la implementación de amoladoras para ajustar los márgenes metálicos de sus puentes, tratando de minimizar el uso excesivo de agua.
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