Un libanés naturalizado en Estados Unidos ha sido identificado como el autor de un ataque contra una sinagoga en Michigan. Mientras tanto, en Virginia, un exmilitar de la Guardia Nacional ha sido condenado por un asesinato en una universidad, vinculado a sus conexiones con el Estado Islámico. Ambos incidentes resaltan preocupaciones crecientes sobre la seguridad nacional y el radicalismo, en un contexto donde la procedencia y el historial de los atacantes juegan un papel clave en su perfil delictivo. Las autoridades continúan investigando los motivos y la red de contactos de los implicados, que, aunque geográficamente distantes, comparten un trasfondo de radicalización violenta.
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