En medio de tensiones geopolíticas, Donald Trump persiste en exigir apoyo a la OTAN para resolver el bloqueo iraní en el estrecho de Ormuz, a pesar de que sus aliados europeos insisten en desmarcarse de una guerra que consideran ajena. Prominentes líderes como Boris Pistorius y Kaja Kallas recalcan que Europa no inició este conflicto, mientras el primer ministro británico, Keir Starmer, aboga por una solución diplomática, enfatizando el impacto negativo prolongado sobre la economía. Sin un claro plan de salida por parte de Trump, la respuesta europea se mantiene prudente y cautelosa, motivada por la ausencia de amenazas directas a Europa y las prioridades nacionales más inmediatas, como la tensión rusa en las fronteras polacas.
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