En la Conferencia de Seguridad de Múnich, Christine Lagarde, presidenta del BCE, destacó que Europa ha recibido una «patada en el culo», un impulso que, paradójicamente, ha funcionado como catalizador para la unidad y reformas en el continente tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025. La creciente tensión transatlántica, alimentada por diferencias en temas como la guerra en Ucrania y la presión de Estados Unidos para que Europa asuma más responsabilidad en defensa, llevó al canciller Friedrich Merz a proponer una disuasión nuclear propia bajo el paraguas francés. Mientras líderes como Pedro Sánchez mantienen posturas pacifistas, el llamado es claro: Europa debe elegir entre adaptarse y actuar como un actor soberano o permanecer dependiente ante un Washington que impone condiciones rígidas. La «patada» de Lagarde simboliza esta encrucijada hacia la madurez estratégica europea.
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