El martes, la conexión ferroviaria entre Londres y la Europa continental sufrió serias interrupciones, afectando severamente los itinerarios de los viajeros durante un periodo de alta demanda. Los pasajeros enfrentaron cancelaciones de trenes y retrasos significativos, lo que causó caos y frustración entre quienes dependían de este servicio para sus desplazamientos. La situación resaltó las vulnerabilidades del sistema de transporte en momentos críticos, generando preocupación y malestar entre los usuarios.
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