La creciente violencia en Cataluña, evocando al salvaje Oeste, se ha intensificado, como lo demuestran recientes incidentes en Barcelona: el asesinato de un transeúnte frente a una comisaría y un ataque con cuchillos en el centro de la ciudad. A pesar de los esfuerzos del alcalde Collboni por endurecer las penas relacionadas con drogas y armas, los delitos graves como tiroteos y apuñalamientos han incrementado, añadiendo al récord de okupaciones y otros problemas. La cuestión de la inseguridad se enreda con debates sobre inmigración, ya que datos oficiales muestran una alta proporción de extranjeros en cárceles catalanas y en índices de delitos menores, avivando tensiones políticas y desplazando votantes hacia opciones de derecha.
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