El chicharrón, un manjar con múltiples variantes en España, es un ejemplo de la rica diversidad culinaria del país. Aunque su origen exacto es incierto, su nombre proviene de una raíz onomatopéyica que imita el sonido al freírse. En Andalucía, sobresalen los chicharrones de Chiclana, crujientes y especiados, mientras que en Cádiz se ofrecen en lonchas al estilo de un embutido, aliñados con limón y sal. Destacan también los torreznos de Soria, protegidos con una Indicación Geográfica, y los llardons catalanes, que se incluyen en cocas dulces. Galicia, Salamanca y el País Vasco presentan sus propias versiones, desde los roxóns hasta las tortas de txantxigorris, demostrando que la tradición y la creatividad se funden en estas preparaciones.
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