Durante muchos años, la experimentación con animales fue común en la industria cosmética, empleando especies como conejos y ratones para probar la seguridad de productos. Sin embargo, en la última década, avances científicos han permitido desarrollar métodos alternativos que no requieren el uso de animales. Este cambio se alinea con el creciente interés por el bienestar animal, lo que ha impulsado el auge de la cosmética ecológica y vegana. La Unión Europea prohibió la experimentación con animales en cosméticos en 2013, estableciendo que ningún producto comercializado en su territorio puede haber sido testado en animales. No obstante, sigue siendo un desafío garantizar que los ingredientes de origen internacional no hayan sido probados en animales. Certificaciones como BioVidaSana en España buscan asegurar el cumplimiento de estas normativas, aunque la tendencia hacia cosmética vegana y ecológica todavía plantea retos en cuanto a la transparencia y comprensión del consumidor, quien debe aprender a interpretar las etiquetas para tomar decisiones informadas.
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