En un mundo cada vez más interdependiente, las desigualdades y conflictos persisten, reflejando un entorno global complejo donde Europa ya no posee el rol hegemónico de antaño, aunque aún pueda desempeñar un papel clave en la búsqueda de estabilidad. La escena internacional se caracteriza por una interconexión económica y política creciente, mientras las tensiones y disparidades entre naciones, lejos de desaparecer, demandan esfuerzos colaborativos para gestionar los desafíos comunes y promover un equilibrio sostenible en el escenario global.
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