El Partido Popular (PP) ha adoptado una postura de normalización en sus acuerdos con Vox, alejándose de la anterior posición de tratarlos como excepciones incómodas. Tras las elecciones autonómicas en Extremadura, donde Vox se posicionó como un socio indispensable al conseguir junto al PP el 60% de los votos, la dirección nacional del PP ha empezado a defender públicamente la colaboración con el partido de extrema derecha. Este cambio refleja un debate interno en el PP, con sectores propugnando un acercamiento sin complejos a Vox. La portavoz parlamentaria, Ester Muñoz, ha afirmado que Extremadura desea un gobierno conservador basado en el entendimiento con Vox. A pesar de las promesas pasadas de no gobernar en coalición con Vox, la actual estrategia del PP sugiere que es imperativo «leer lo que quieren los extremeños». El giro político ha generado incertidumbre sobre las condiciones de las negociaciones con Vox, quien ha planteado exigencias desafiantes para apoyar a la presidenta regional. La postura de apertura hacia Vox podría influir en futuras campañas electorales, especialmente en un contexto nacional donde el PP busca capitalizar el desgaste del PSOE, tras su reciente debacle en Extremadura.
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