Con el tiempo, las burlas iniciales hacia el trabajo de Cecilia en Borja se transformaron en un sentimiento de afecto que terminó beneficiando a esta localidad aragonesa. Esta curiosa transición ha convertido al Santuario de la Misericordia en un inesperado atractivo turístico, atrayendo a decenas de miles de visitantes ansiosos por ver la famosa pintura. Este fenómeno ha logrado poner a Borja en el mapa, generando un impacto tanto cultural como económico para la región.
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