Durante una era en la que la presencia femenina en los laboratorios científicos era escasa, Josefina Castellví destacó en la investigación polar al jugar un papel crucial en la organización de las expediciones científicas españolas en la Antártida, comenzando en 1984. Castellví asumió un liderazgo significativo al dirigir la Base Antártica Española en la isla Livingston desde 1989 hasta 1997, quebrando barreras de género y contribuyendo significativamente al avance de la ciencia en condiciones extremas.
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