La incorporación de Marruecos a la candidatura conjunta con España y Portugal para el Mundial de Fútbol 2030 ha generado tensiones internacionales debido a la inclusión del Sáhara Occidental en su mapa, un territorio no autónomo según la ONU. En el reciente informe técnico de la FIFA, se ha corregido este mapa, respetando las fronteras reconocidas internacionalmente y limitando el área de influencia marroquí al excluir el Sáhara Occidental. Esta decisión ha desautorizado la aprobación previa de la Real Federación Española de Fútbol, que había aceptado la propuesta marroquí. Marruecos controla de facto el 80% del Sáhara Occidental, mientras que el resto está bajo el Frente Polisario. La polémica se suma a las complejidades en la organización del Mundial, exacerbadas por el protagonismo que Rabat busca acaparar, incluyendo la controversia sobre quién albergaría la final del torneo. Las tensiones reflejan un panorama complicado donde la política y el deporte se entrelazan con las sensibilidades territoriales.
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