En la víspera de la final del Mundial, la FIFA, liderada por Gianni Infantino, optó por priorizar el negocio sobre la tradición futbolística. En lugar de celebrar el evento en el MetLife Stadium, sede del partido, España y Argentina fueron transportadas en helicóptero a Manhattan para participar en el Fanatics Fest NYC, una feria de coleccionismo y entretenimiento. Esta decisión desató abucheos de parte del público argentino durante la intervención del seleccionador español, Luis de la Fuente, quien pidió respeto en un ambiente inusual para un acto oficial. El episodio subrayó los problemas de focalizar la previa del torneo en un contexto comercial, con estrellas ajenas al fútbol y un enfoque más en el espectáculo que en el deporte. Aunque el incidente no creó tensiones duraderas entre los equipos, evidenció una inquietud por anteponer el negocio al espíritu del fútbol.
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