En una estrecha calle de Palma, entre el sonido de las campanadas y el aroma del pan, se encuentra la Panadería Fiol, un histórico horno que data de 1652. Este establecimiento no sólo ha cautivado a los palmesanos con su pan moreno, considerado el mejor de la ciudad, sino que también es testigo de la historia local, habiendo sobrevivido a la peste, desabastecimientos y hasta una bomba republicana que no explotó durante la Guerra Civil. Actualmente dirigido por Christian Aparicio, de 53 años, quien continuará al frente hasta su jubilación, el horno, emblemático según el Ayuntamiento, enfrenta el desafío del cierre de tradicionales hornos en España y una potencial falta de relevo generacional. Sin embargo, sus productos estrella, como el cuarto con crema tostada, siguen conquistando a una clientela ahora mayoritariamente extranjera, pese a la fuerte competencia y las dificultades que este oficio conlleva.
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