La reciente clausura del Foro Económico Mundial de Davos, bajo el lema «Un espíritu de diálogo», ha evidenciado la desconexión entre la intención de fomentar el diálogo global y la cruda inestabilidad geopolítica actual, alimentada por conflictos abiertos y una creciente desconfianza entre países, exacerbada por movimientos como el lanzamiento de una «ONU paralela» por parte de Trump. En este encuentro de élites financieras y políticas, se analizó la fortaleza de la economía global frente al «ruido» político, demostrando una aparente capacidad de los mercados para centrarse en los datos más allá de las turbulencias externas. Sin embargo, temas como la salud mental y el aislamiento social, especialmente entre los jóvenes, reflejan un preocupante declive en la empatía y un cansancio social en un mundo hiperactivo y digitalizado. Inspiradores como Byung-Chul Han proponen una transformación hacia el silencio y la trascendencia, destacando la necesidad de replantearnos la saturación digital y el individualismo en pos de un cambio esencial. Este análisis subraya la urgencia de un pensamiento crítico y una reflexión profunda, necesarias para sanar las heridas contemporáneas y enfrentar un orden económico cada vez más impredecible.
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