La prolongación de la contienda o la destrucción de infraestructuras clave podría causar disrupciones importantes en el flujo de productos energéticos como petróleo y gas, lo que empeoraría significativamente el panorama económico. Expertos advierten que tal escenario generaría tensiones adicionales en los mercados internacionales y afectaría la estabilidad energética global, subrayando la importancia de asegurar las instalaciones y mitigar los riesgos para evitar un impacto económico negativo más amplio.
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