En los años setenta, Hollywood experimentó un cambio sísmico, permitiendo que un grupo de cineastas emergiera para crear películas que reflejaban la incertidumbre social y política de Estados Unidos. En 2026, el cine que llega a los Oscar sigue una senda alejada de las grandes franquicias, centrándose en historias que nos obligan a abordar conflictos contemporáneos a través de contextos históricos. En la reciente gala, figuras como Sean Penn y Javier Bardem alzaron sus voces contra problemáticas globales, aunque el discurso político generalízado fue tenue. Mientras el cineasta Paul Thomas Anderson evocó las glorias del pasado para criticar la falta de valentía actual, el sector cierra filas ante difíciles tiempos, incluso cuando se celebran hitos como la directora de fotografía Autumn Durald Arkapaw rompiendo techos de cristal. En un contexto de control mediático creciente y presiones políticas, la industria aún atisba una esperanza de cambio social a través del arte cinematográfico.
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